Es obvio, la espera de un bebé cambia radicalmente la situación de las parejas. Para los hombres, especialmente sus mujeres. Todas pasan por una etapa en la que se sienten más gorditas que embarazadas, pero la
verdad es que los maridos saben, más que la mujer, que el aumento de peso es parte de este estado. Pero para las mujeres, que no sólo sienten más su cuerpo, los
cambios fisiológicos y el torbellino hormonal que hay que soportar hace que, si bien no hay embarazo sin sexo, la sexualidad sea uno de los temas más problemáticos que debe enfrentar en pareja durante los nueve meses de gestación.
Por un lado, por que el deseo sexual, como todo en la mujer durante este periodo, se comporta distinto, y eso no es ni bueno ni malo. Sólo sucede. Y no siempre es igual que lo que le puedan decir sus nuevas amigas en los cursos sicoprofilácticos. Para algunas mujeres, el deseo sexual baja, la mayoría disminuye la frecuencia de relaciones sexuales y en otras la satisfacción sexual mejora durante el segundo trimestre, perose vuelve un problema consumarlo.
Algunos estudios—comenzando por Master y Johnson, hace ya 50 años— revelan que 80 por ciento de las mujeres entrevistadas dicen haber mejorado su sexualidad durante el segundo trimestre de embarazo, no sólo respecto del primer trimestre, sino en relación a antes de quedar embarazadas. Sin embargo, un estudio publicado en abril pasado por Memorial University de Newfoundland en Canadá, encontró que cerca de 50 por ciento de las futuras madres todavía están convencidas de que mantener relaciones durante el embarazo genera problemas de desarrollo en el bebé.
Contracciones y contradicciones de estudios
Con estos antecedentes, la Australian and New Zealand Journal of Obstetricsand Gynaecology analizó los cambios en el comportamiento sexual que ocurren durante la gestación. Se incluyeron 158 mujeres asistidas, en forma ambulatoria, en seis centros de salud. La frecuencia promedio de relaciones sexuales fue de 12,4 por mes antes del embarazo y disminuyó a 6,6 por mes durante la gestación. La frecuencia disminuyó a medida que se avanzó en el embarazo desde una frecuencia mensual de 8,09, 7,21 y 5,29 en el primero, segundo y tercer trimestre, respectivamente.
El deseo sexual disminuyó, durante la gestación, en 39,2 por ciento de las mujeres,pero aumentó en el 4,4 por ciento y no se modificó en 56,3 por ciento de los casos. El deseo sexual de los esposos disminuyó en 15,2 por ciento, aumentó en el 8,8 por ciento y no se modificó en 75,1 por ciento de los participantes. Se encontró que 24,5 por ciento de las mujeres evitaron todo tipo de relación sexual durante todo el tiempo de la gestación, 49,1 por ciento evitó el contacto algunas veces y 26,4 por ciento refirió no evitarlo en ninguna circunstancia.
Las principales razones establecidas para esta conducta fueron el temor a dañar al bebé, el temor a que las relaciones sexuales fueran causa de aborto, a la disminución del deseo sexual y a la presencia de dificultades físicas, según refirieron las participantes. Cuando el estudio en referencia compara la calidad del orgasmo antes y después del embarazo, las mujeres confesaron un menor descenso en la calidad orgásmica durante el primer trimestre del embarazo en comparación con los dos últimos trimestres.
En consecuencia, el estudio que demuestra que la frecuencia coital y de que las respuestas orgásmicas se modifican durante el embarazo, lo que sugiere como conclusión es que las mujeres deberían recibir mayor atención debido a que la gestación es, en sí misma, un factor de profunda influencia en la actividad sexual, independientemente de que los tabúes y mitos al respecto sobre la salud sean falsos.
Ante la duda, consulta
Un viejo refrán reza que ”ante la duda, abstente“. Sin embargo, en el embarazo no hay duda de que se deba dejar sin consultar. Aunque muchas mujeres sientan miedo de lastimar al bebé en gestación, o de que el orgasmo provoque un parto prematuro, lo cierto es que el sexo durante el embarazo es tan peligroso como comer chocolates, y eso según un estudio de la universidad de Helsinki, publicado en abril pasado por la revista británica New Scientist, no sólo sirve para controlar la depresión durante el embarazo, sino que produce bebés más felices.
Ahora bien, los cambios físicos muchas veces hacen sentir a las mujeres poco deseables y a los hombres desconcertados ante el nuevo cuerpo, lo que sí es un problema para sentirse mejor, en cualquier actividad de esos diez meses (contando la cuarentena de abstinencia que muchos obstetras recomiendan para el posparto).