Las madres controladoras

Las madres controladoras. Foto: Archivo Fucsia
Foto: Archivo Fucsia
Publicado: 2012-03-21

En muchos casos, los hijos de madres controladoras son inmaduros y torpes afectivamente. Ellas, por su parte, se involucran en todo lo que hacen sus hijos y, muchas veces, acaban con sus relaciones.

Revista Fucsia

Siempre se ha dicho que los hijos deberían venir con manual de instrucciones para saber cómo se deben educar. Desafortunadamente, los hijos no son electrodomésticos y las instrucciones para criarlos sólo llega

n con la experiencia. Y la única manera de adquirir experiencia es con ellos mismos.

Sobre el tema se ha escrito mucho, pero algunas veces, las madres, por querer hacer más, terminan ‘tirándose’ a sus hijos que pasan de ser niños excesivamente controlados a ser adultos inseguros y llenos de contradicciones. Adultos que no saben cómo actuar ante las dificultades que se les presenta en la vida.

Cuando un adulto tiene problemas para relacionarse, ya sea en su vida afectiva o en su vida laboral, se vuelve al pasado, y se descubre que muchos de sus traumas de ahora tienen mucho que ver con su relación con su mamá y con su papá —porque incluso no han tenido relación con alguno de ellos—. Esto no es casual. 

Durante la etapa de formación del niño, se recibe una cantidad de informaciones que terminan descubriéndose durante la vida adulta. Hay madres que desde el principio —y con toda la mejor intención del caso—quieren controlar a sus hijos. Se vuelven dominantes, quieren que sus hijos hagan lo que ellas dicen —en la mayoría de caso con los hijos hombres—, y cuando estos quieren formar una familia, la mamás terminan metiéndose en todas las decisiones, hasta tal punto que llegan a arruinar matrimonios.

Las estadísticas apuntan a que la segunda causal de divorcio en parejas jóvenes tienen que ver con la relación ‘enfermiza’ que alguno de los dos tiene con sus padres, y sobretodo, con sus madres. Los hombres, hijos de este tipo de madres, no sólo son inseguros, sino que terminan con un complejo de Edipo —el rey que mató a su padre y se enamoró de su madre Yocasta— muy marcado y quieren buscar en su pareja a sus madres. 

Seres que les digan qué hacer, que les organicen todo en su vida y que sean, además, madres y esposas consagradas. Esto es un gran factor en contra para empezar una vida en pareja. Cada mujer es diferente y los hombres no pueden esperar tener a una madre en su pareja.

Eso, de entrada, arranca mal. La pareja, definitivamente, debe llenar expectativas diferentes a las que llena la progenitora. Además, por lo general, los hijos de este tipo de madres que quieren controlarlo todo, no sólo permiten que ellas se involucren en su relación de pareja, sino que además son muy inmaduros para asumir las crisis matrimoniales.

“El exceso afectivo es tan perjudicial para un niño como el abandono afectivo, porque el resultado es el mismo: un ser necesitado”, según escribe lasicóloga Annie de Acevedo en su libro ¿Qué hago con mis hijos? Y las madres controladoras tienen siempre esta patología, porque piensan que tienen que darle todo masticado a sus hijos para que la vida sea más fácil para ellos.

Resulta que la vida hay que vivirla con sus dificultades y sus alegrías y los jóvenes tienen que salir a enfrentarse a ella con todo lo que esto significa. Nadie puede vivir la vida por nadie. Las madres que actúan así, terminan criando hijos torpes afectivamente. Hijos egoístas. Según concluye la sicóloga Annie de Acevedo, “los niños en general necesitan nuestra supervisión, pero no necesariamente mucha ‘atención’. 

Los niños ‘atendidos’ por los padres de manera permanente se vuelven egocéntricos e inmaduros. Se acostumbran a ‘megadosis’ de atención y ya nada los hace felices”. Ni siquiera su propia pareja.