“Tengo la sensación de que las muestras físicas de afecto y las caricias son mucho más importantes que todo el sexo y todos los orgasmos, pero mi novio dice que mi necesidad d
e tener ese contacto denota una inseguridad neurótica”. Quien escribe esas líneas habla en nombre de mucha gente que piensa que las caricias afectuosas son muy importantes; y habla en nombre de muchos a los que les dicen que esa necesidad es tonta o incluso está mal, y hacen que se avergüencen ante la posibilidad de espontaneidad física.
Como dice otra mujer: “Me encanta abrazar y que me abracen; tenderme junto a un hombre y sentir la silueta de su cuerpo. Para mí, eso es más importante que el que tenga un pene grande o una erección”. Esta afirmación, que es frecuente entre las mujeres, les resulta difícil de creer a algunos hombres, seguramente, en parte, por la atmósfera actual de que “un hombre tiene que tener un pene grande y saber usarlo”. Pero esas leyendas no tienen por qué reflejar cómo sienten las mujeres que comparten la vida con esos hombres.
En algunas ocasiones, las mujeres dicen que tienen relaciones sexuales para recibir muestras físicas de afecto y caricias, que el orgasmo no es lo principal: “Para mí, tocar es más importante que practicar el sexo, y es mi principal motivo para practicarlo. A veces, el coito es una intrusión indeseada”.
Una mujer dice que ha encontrado una buena relación de afecto con su marido: “Antes me moría por recibir muestras físicas de afecto, así que emprendía relaciones sexuales con hombres, no para tener satisfacción sexual (me era más fácil conseguirlo por mí misma), sino por el contacto físico y la ternura, que es lo que más me importa al hacer el amor.
Ahora, mi marido me lo da en grandes cantidades, pero antes era seguramente la única razón por la que me acostaba con alguien”. Sin embargo, a otra mujer le pasa justo lo contrario con su marido: “Sueño con las muestras físicas de afecto. Como no las recibo en casa, me he buscado un amante que me abraza. Dar sexo a cambio de abrazos me parece bien, porque me gusta el sexo; pero muchas veces lo único que pretendo es que me toque”.
En algunos casos, las mujeres se muestran inhibidas al expresar el afecto físico con los hombres con los que salen, porque temen que en muchos casos tal actitud se pueda interpretar como una invitación expresa a mantener una relación sexual: “Me encantan las muestras físicas de afecto, pero inevitablemente desembocan siempre en el deseo sexual por parte de los hombres. Así que me contengo cuando estoy con un hombre, salvo si estoy dispuesta a acostarme con él”.
A veces, practicar el sexo no es más que una excusa: “Con mi marido, las caricias físicas siempre culminan en el coito, y eso me inhibe cuando lo único que deseo es recibir mimos, y no hacer el amor”. Otradice: “He aprendido que si una mujer no quiere ir a la cama, más vale que no toque a un hombre demasiado. Casi todos interpretan mis caricias como una puerta para el sexo, cuando lo único que intentaba era relajarme.
Me indispone porque la mayoría de los hombres no lo aceptan y me hacen sentir como si los engañara, a no ser que me acueste con ellos. Vaya tontería”. En realidad, tanto los hombres como las mujeres quieren más caricias y muestras físicas de afecto. A veces, practicar el sexo es la forma más fácil de conseguirlas