Los hombres han detentado históricamente el poder político y económico, en cambio, las mujeres sólo hemos obtenido en muchos casos un poder real a través de la belleza. Para empezar, nosotras asimilamos filosóficamente el significado de ‘bello’ con el de ‘bueno’, lo que, de antemano, le da una ventaja a una mujer bella, pero, al mismo tiempo, puede ser su perdición. Es un mundo contradictorio, como lo es la esencia de ser mujer.
La belleza tiene el efecto de desatar el deseo, la posesión, y si ese deseo no se satisface, se sufre y se desencadenan sentimientos oscuros. Esto explica por qué la belleza de una mujer puede provocar una guerra, como en el caso de Helena de Troya y, guardadas proporciones, el de la Virginia Vallejo, pues todo indica que fue ‘por ella’ que se desató la guerra entre los carteles de Cali y Medellín.
Hay mujeres que con su belleza desencadenan toda clase de locuras, como la de un marido en India que le arrojó ácido en la cara a su mujer para que nadie la volviera a mirar. Son pasiones que los hombres no pueden dominar y simplemente sucumben ante ellas. Las bellas piensan que pueden ejercer poder sobre los hombres para que respondan como marionetas a todos sus caprichos, pero sólo con el tiempo comprenden que tarde o temprano se rompe el hechizo, pues la belleza es una condición efímera.
La historia está llena de ejemplos de lo que una mujer puede desatar. Ginebra, la esposa de el Rey Arturo, pasó a la historia y más tarde a la leyenda por la destrucción del reino de Camelot, en Inglaterra, al enamorarse de Lancelot. Celos, amistades rotas, asesinatos y muerte, todo por la belleza de una mujer.
Al paso de estas fascinantes mujeres los hombres caen como fichas de dominó, y cuando se es joven es fácil caer en la tentación de creer que ese poder es eterno y que se puede ejercer sin pagar un precio. Si alguien goza de privilegios y oportunidades como los que brinda el hecho de ser bello, tiene que ser consciente de que estos privilegios no se dan por derecho propio. “Es totalmente irracional pensar que uno puede conseguir algo sin estar dispuesto a pagar su verdadero precio”, escribió Epícteto, filósofo griego del siglo I.
Con esto quiero decir que la belleza no es un don con el cual sea fácil vivir. Aparentemente abre muchas puertas. Eso piensan muchas de esas niñas que creen que si se convierten en modelos, presentadoras o reinas de belleza pueden obtenerlo todo. Pero, como todos los dones, la belleza debe ir acompañada de sabiduría para que no termine siendo un karma, o una fuente de profundo dolor.
Es fácil que a una mujer bonita se le crucen los cables, que crea que el mundo está a sus pies y que se puede dar el lujo de hacer lo que quiera sin asumir las consecuencias, lo que puede terminar por ser una maldición, como en el caso de Virginia. Así, se acostumbran a que el placer sea algo inmediato, a saltar sin pensarlo ante las palabras seductoras del hombre que pretende conquistarlas; buscan gratificación a corto plazo sin entender que la verdadera gratificación se logra poco a poco. Muchas veces la droga y el alcohol se vuelven compañeros de vida que les hacen perder la memoria y olvidarse de su infelicidad.
La belleza pasa, es un don que apenas si dura unos pocos años. En un momento dado, el mismo Pablo Escobar se refirió a Virginia como una mujer vieja, cuando él apenas estaba en los 30. Y ella, que gozó del favor de los hombres y amasó una pequeña fortuna, lo perdió todo cuando creyó que podía salirse con la suya.Nunca pensó que en lugar de ser una Evita Perón, su historia sería como la de Marilyn Monroe, que terminó sola y menospreciada por algunos de los hombres que amó.
A veces es mejor no pagar el precio de ser bella si ese precio significa perder la integridad. El poder que ejerce la belleza no vale la pena cuando éste significa echar a perder una vida.